historia

En los alrededores de Tornos se han encontrado rastros de asentamientos humanos del Paleolítico Inferior. El hombre siguió en la zona durante el Neolítico, dedicándose principalmente a la agricultura y la ganadería. Entre los restos arqueológicos encontrados destacan hoces y pequeños molinos para cereal.

Durante la edad de Bronce se crean asentamientos, como los encontrados en Daroca, Lechón, Báguena, Torralba de los Frailes o San Martín del Río. De la Edad de Hierro, entre los siglos XII y IV antes de Cristo, son los de Villahermosa, Lechago, Daroca y Torralba de los Sisones, donde se descubrieron restos cerámicos y alguna necrópolis.

Con el crecimiento demográfico, el dominio de los metales y el aumento del comercio se formó la sociedad celtibérica. Tanto en Tornos, como Berrueco y Cutanda hay yacimientos celtíberos. Los celtíberos se opusieron con ahínco a la ocupación romana.

Los romanos, atraídos por la riqueza mineral de la península, ocupan poco a poco la península, llegando en el siglo dos antes de Cristo a los valles del Jiloca y del Pancrudo. Los romanos centran su base en las inmediaciones de Caminreal, que es más tarde arrasada. Poco después se erigen nuevas ciudades en el cerro de San Esteban, en El Poyo del Cid, y en la Loma del Prado, en Fuentes Claras.

En el siglo octavo después de Cristo los musulmanes conquistan las Serranías Ibéricas y el valle del Ebro. En las inmediaciones de Tornos los centros administrativos eran Calatayud y Daroca. El Califato se mantuvo unido hasta principios del siglo XI, cuando al-Andalus se fragmenta en numerosos reinos de taifas independientes.

Cuando El Cid fue desterrado por Alfonso VI en 1081 pasó a servir al rey Almuqtadir, luchando contra el rey de Aragón y el conde de Barcelona. En 1089, levantado el destierro, y nuevamente bajo las órdenes del rey de Castilla, el campeador se asienta sobre El Poyo, desde donde somete la zona del Jiloca y los valles del Martín y Aguas Vivas. Posteriormente se desplaza hacia el Este para acabar acampando en Tevar.

Cid, Poyo del Cid.

Los cristianos derrotaron a los musulmanes en Cutanda en 1120 y prosiguieron la reconquista tomando Daroca y Calatayud, el valle del Jiloca, Monreal del Campo, Singra y Cella. Entonces Alfonso I fortifica Monreal del Campo y funda la orden militar la Milicia de Cristo.

La conquista cristiana supuso un cambio en la estructura económica y social con respecto a la época musulmana. Llegó la Edad Media. Con la conquista la tierra pasó a pertenecer al rey aragonés, que podía disponer de él a su antojo. Muchas propiedades fueron dadas a campesinos, si bien las mejores y mayores tierras fueron donadas a caballeros villanos, a nobles y órdenes militares y a la Iglesia.

Durante toda la Baja Edad Media hubo numerosas disputas entre Aragón y Castilla, lo que provocó la proliferación de murallas y fortalezas, como el castillo de Tornos, el conjunto de Daroca, el castillo de Peracense o las fortificaciones de Anento, Báguena, Berrueco, Burbáguena, Langa, Santed, Villahermosa, Cucalón, Lagueruela, Villarreal de Huerva, Huesa del Común o Torrecilla del Rebollar.

Muros del Castillo de Tornos.

Los siglos XV y XVI fueron bastante prósperos, pero a partir de 1650 hubo una gran crisis en la comarca del Jiloca, con malas cosechas y peste, que provocaron una reducción demográfica.

A principios del siglo XVIII estalló la Guerra de Sucesión, y la zona se debatió entre la fidelidad a los Austrias y a los Borbones. En la batalla de Calamocha (1706), vencieron las tropas proaustrias, aunque la comarca fue tomada por los borbones. Tras la Guerra de Sucesión creció el número de clérigos en Daroca, llegando a superar el 10% de la población, lo que suponía un alto coste de mantenimiento en rentas.

Napoleón entró en España en 1808. El 20 de julio de 1809 los españoles combatientes se retiraron a Tornos a la espera de refuerzos. Las tropas francesas no tuvieron muchas dificultades en someter a los pueblos de la comarca. En 1812, tras la invasión de Rusia, el contingente destacado en la comarca se redujo, y las guerrillas aumentaron su presión, hasta que empezaron a llegar las victorias españolas. Sin embargo, las guerras son costosas, y muchos vecinos se arruinaron, esquilmados por los impuestos que exigían tanto los franceses como los españoles.

Fernando VII trajo los privilegios del Antiguo Régimen y abolió las reformas introducidas por los gobiernos afrancesados. Y entonces llegaron las guerras carlistas y la restauración.

La segunda República fue motivo de alegría en un principio, pero acabó abruptamente. Entonces llegó la Guerra Civil.

El 19 de julio soldados, guardias civiles y ciudadanos armados toman las calles. Los sindicatos inician la huelga general, pero toman control los nacionales con la llegada de tropas y de guardias civiles de Zaragoza y las represalias no se hacen esperar, llegando a contabilizarse el asesinato y fusilamiento de más de un centenar de personas en Calamocha, más de 50 en Daroca y más de 200 en Albarracín. La respuesta de los republicanos fue igualmente sangrienta, reaccionando violentamente contra los políticos de derechas y la Iglesia Católica. En 1936 se asesinaron muchos sacerdotes del valle del Jiloca: Timoteo Valero Pérez de El Villarejo, Pedro Lorente Vicente de Ojos Negros, Lázaro Florencio Martín Ibañez de Godos, Elías Julián Torrijo Sánchez de Torrijo del Campo, Zósimo Izquierdo Gil de Villahermosa del Campo, Dionisio Pamplona Polo de Calamocha y Andrés Zorraquino Herrero de Bañón.

En la línea entre ambos frentes encontramos hoy todavía numerosas trincheras y puestos de ametralladoras, que no impedían del todo las incursiones republicanas. Tras la batalla de Teruel, el valle del Jiloca ganó relevancia por su valor estratégico. En las localidades de Calamocha, Bello, Ojos Negros y Caminreal se ubicaron los campos de prisioneros, el hospital militar, y los aeródromos de Ojos Negros, Calamocha y Bello.

Para tomar Teruel se libró la batalla del Alfambra, en febrero del 1938, que ganaron los más de 100000 nacionales que superaban en número a los debilitados republicanos. Poco después tomaron Aragón con ataques de aviación y artillería, que desarbolaban las trincheras republicanas, para que la infantería acabara cómodamente el trabajo.

Batalla-Alfambra

El franquismo relegada la comarca del Jiloca a un segundo plano en el trazado de las grandes vías de comunicación. Es una fase de decadencia económica y demográfica que continúa en la actualidad, con el éxodo a las ciudades. Entre 1960 y 2000 la comarca del Jiloca ha perdido más de un 60% de su población.

Actualmente sólo el desarrollo rural integrado, la promoción turística de la zona y el emplazamiento de algunas industrias en Daroca y Calamocha pueden mejorar las sombrías perspectivas de la comarca.

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